Por: Prof. Vanelvis Medina Oquendo
El martes, 4 de noviembre, fue un día lleno de emociones y descubrimientos para nuestros pequeños de preescolar. Con orejas de elefante, sonrisas grandes y ojos curiosos, emprendieron una aventura al corazón del pueblo de Cidra. No se trató solo de una visita, sino de una experiencia vivencial que despertó en ellos la magia de aprender a través de lo que se vive, se siente y se comparte.
La mañana comenzó con una encantadora obra teatral en el Centro Cultural. Entre risas y aplausos, los niños se sumergieron en una historia que les habló sobre el pueblo de Cidra, donde conocieron su bandera, la paloma sabanera y el escudo. Fue un momento en el que el arte tocó sus emociones y les permitió aprender de forma natural y alegre.

Luego, el recorrido los llevó a conocer los tesoros del pueblo: la plaza, la iglesia y el Museo del Bombero. En cada lugar, descubrieron un pedacito de historia, observando con asombro los símbolos que representan a Cidra: su bandera, su escudo y, por supuesto, la querida paloma sabanera. Cada parada fue una oportunidad para preguntar, explorar y valorar el lugar del que forman parte.
El cierre de la visita fue en la Casa Alcaldía, donde los esperaba el Hon. Delvis Pagán Clavijo. Con palabras llenas de cariño, el alcalde les habló sobre el orgullo de ser cidreños y el valor de cuidar su comunidad. Los niños lo escucharon atentos, con esa mirada pura que solo tiene quien descubre el mundo por primera vez.

Estas experiencias dejan huellas profundas. Enseñan mucho más que datos: enseñan respeto, gratitud, identidad y amor por lo nuestro. Como decía María Montessori, “lo que el niño aprende en la vida debe ser sentido como algo real, no como algo impuesto”. Y eso fue exactamente lo que ocurrió ese día: los niños no solo aprendieron sobre Cidra, sino que la sintieron, la vivieron y la llevaron consigo en el corazón.




































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